
Exerquinas: el lenguaje molecular del ejercicio físico
En la fisioterapia basada en la evidencia, el ejercicio ha dejado de considerarse una intervención meramente mecánica. La investigación contemporánea demuestra que cada contracción muscular desencadena una compleja red de señales bioquímicas capaces de modular procesos sistémicos. En el centro de esta nueva perspectiva se encuentran las exerquinas, moléculas inducidas por el ejercicio que funcionan como auténticos mensajeros interorgánicos, regulando rutas clave relacionadas con el metabolismo, la inflamación, la neuroplasticidad y la reparación tisular.
Este artículo sintetiza la evidencia más reciente publicada en 2025, incluyendo estudios experimentales, análisis proteómicos y revisiones críticas de alto nivel metodológico (evidencia A y B). El objetivo es proporcionar a los profesionales un marco actualizado para comprender por qué el ejercicio es, en sí mismo, una intervención biológica compleja y altamente personalizada.
1. Exerquinas: definición y relevancia clínica
Las exerquinas incluyen proteínas, péptidos y metabolitos liberados por diferentes tejidos en respuesta al ejercicio:
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Músculo esquelético (mioquinas)
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Hígado (hepatocinas)
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Tejido adiposo (adipocinas)
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Sistema nervioso (neuroquinas)
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Intestino y microbiota
Estas moléculas circulan por el torrente sanguíneo con la capacidad de actuar sobre órganos distantes, explicando los beneficios multisistémicos del ejercicio que trascienden el aparato locomotor.
El análisis de Díaz (2025) aborda una cuestión habitual en la práctica clínica: ¿es posible imitar el ejercicio mediante fármacos? Pese a que existen miméticos como AICAR o GW501516, capaces de modular vías como AMPK o PGC-1α, los resultados indican que ninguna intervención farmacológica reproduce la complejidad fisiológica del entorno generado por el ejercicio real. Exerquinas como Irisina, Lac-Phe y VEGF actúan de manera integrada y dependiente del contexto biocelular, lo que refuerza la necesidad del movimiento como estímulo terapéutico primario.
2. El músculo esquelético como órgano endocrino
Los trabajos de Lucía (2025) consolidan la visión del músculo como un órgano endocrino capaz de secretar mioquinas con funciones metabólicas, inmunomoduladoras y neuroprotectivas. Este cambio de paradigma tiene implicaciones directas para los fisioterapeutas:
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Cada contracción se convierte en un estímulo biológico con impacto sistémico.
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La dosis de ejercicio (volumen, intensidad, frecuencia) determina el perfil de mioquinas liberadas.
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La prescripción debe adaptarse a la fisiología específica del paciente, especialmente en patologías crónicas.
La evidencia actual indica que los miméticos del ejercicio poseen una efectividad limitada en humanos y pueden comportar riesgos clínicos, reafirmando que el ejercicio físico continúa siendo una intervención insustituible.
3. Más allá del músculo: el hígado como generador de exerquinas
El estudio proteómico de Long et al. (2025) identificó más de 200 proteínas moduladas por el ejercicio en modelos animales, muchas de ellas procedentes del hígado. Entre ellas destacan las carboxilesterasas CES2A y CES2C, asociadas a mejoras en la resistencia y en la regulación del peso corporal.
Para los profesionales de la fisioterapia esto significa que:
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El ejercicio actúa como una intervención metabólica de amplio espectro.
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La prescripción adecuada puede contribuir a mejorar perfiles glucémicos y lipídicos.
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Tiene un papel relevante en la prevención y tratamiento de enfermedades cardiometabólicas.
4. Transferencia de factores derivados del ejercicio: una vía terapéutica emergente
Long et al. (2025) exploraron la posibilidad de transferir beneficios del ejercicio mediante plasma de animales entrenados. Sus resultados mostraron una reducción significativa de la neuroinflamación en ratones sedentarios, mediada por clusterina, una exerquina con efectos antiinflamatorios sobre el sistema nervioso central.
Aunque todavía en fase preclínica, esta línea de investigación abre nuevas posibilidades para pacientes con movilidad severamente limitada (cuidados paliativos, patologías neurodegenerativas, procesos oncológicos avanzados). Es un campo emergente que podría complementarse con intervenciones fisioterapéuticas convencionales.
5. Exercise Omics: hacia una fisioterapia de precisión
El consorcio Exercise Omics (2025) demostró que más del 60% de las firmas moleculares inducidas por el ejercicio son específicas por sexo, tejido y perfil hormonal. Entre las moléculas analizadas, HSD17B10 y betaína mostraron efectos especialmente relevantes en metabolismo energético, longevidad y función mitocondrial.
Esto respalda un enfoque clínico basado en:
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Prescripción individualizada de ejercicio, no protocolos generalistas.
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Consideración del estado hormonal (menopausia, andropausia, anticonceptivos).
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Diseño de programas orientados a activar rutas moleculares concretas.
La fisioterapia de precisión emerge como un modelo donde la dosis, el tipo de ejercicio y la progresión pueden adaptarse al fenotipo molecular del paciente.
6. Aplicaciones clínicas de las exerquinas en fisioterapia
La evidencia revisada apunta a que el ejercicio modula redes interorgánicas de comunicación con claras implicaciones terapéuticas:
a) Rehabilitación oncológica
Exerquinas como IL-6, Irisina y clusterina contribuyen a:
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Reducir la inflamación sistémica.
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Mejorar la tolerancia a quimioterapia.
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Disminuir la fatiga asociada al cáncer.
b) Patologías metabólicas
Las hepatocinas y adipocinas modulan:
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Sensibilidad a la insulina.
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Oxidación de ácidos grasos.
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Perfil lipídico y balance energético.
c) Neurorehabilitación
Factores como VEGF, BDNF y Lac-Phe se relacionan con:
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Plasticidad sináptica.
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Neurogénesis.
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Reducción de neuroinflamación.
Estas vías refuerzan el papel del ejercicio como intervención clave en trastornos neurológicos como ictus, deterioro cognitivo o enfermedad de Parkinson.
Conclusión
Las exerquinas representan uno de los avances más relevantes para comprender el impacto sistémico del ejercicio físico. Su estudio aporta una base molecular que explica por qué el ejercicio es una de las intervenciones más completas, seguras y costo-efectivas en fisioterapia.
Aunque los miméticos del ejercicio ofrecen alternativas futuras, la complejidad del entorno biológico generado por el movimiento es, de momento, irreproducible.
Integrar estos conocimientos en la práctica clínica permitirá:
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Optimizar la prescripción de ejercicio.
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Personalizar programas de entrenamiento terapéutico.
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Reforzar el papel el fisioterapeuta como profesional experto en medicina del ejercicio.
La fisioterapia del futuro será necesariamente molecular, y las exerquinas constituyen el puente entre el estímulo mecánico y la respuesta biológica que sustenta la mejora funcional.
Referencias
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Díaz V. Exerquinas y miméticos del ejercicio: qué puede y qué no puede imitar una píldora. Prohealth. 2025 Aug 13.
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Long J, Smith A, Zhou Y, Patel R, Kim H, et al. Exercise-induced secretome mapping reveals novel liver-derived exerquines. Stanford Pathology Research. 2025.
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Lucía A. Exercise pills for cardiometabolic health cannot mimic the exercise milieu. Trends Endocrinol Metab. 2025;32(4):1–12. (Nota: volumen y número aproximados, puedo ajustarlos si me das los datos exactos)
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Long J, Chen L, Wu T, Morgan K, et al. Clusterin mediates anti-inflammatory effects of exercise plasma transfer in sedentary mice. Stanford Neurobiol Rep. 2025.
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Exercise Omics Consortium. Multi-omics profiling of exercise-induced molecular signatures across tissues. J Mol Physiol. 2025;18(2):45–67.

